Una encuesta de la UNSAM reveló que el 57% de los inquilinos gasta más de la mitad de sus ingresos en el alquiler. Predominan acuerdos de dos años y ajustes cada tres meses, mientras crece el endeudamiento para poder pagar la vivienda.
Las condiciones para alquilar en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se endurecieron con fuerza en el último año. Contratos más cortos, subas más frecuentes y una mayor presión sobre los ingresos familiares configuran un escenario de mayor inestabilidad para los hogares inquilinos.
Así lo señala la Encuesta Inquilina 2025 elaborada por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), que muestra un marcado deterioro respecto de años anteriores. El dato más preocupante es que el 57% de los inquilinos destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago del alquiler, cuando los estándares internacionales recomiendan no superar un tercio.
En cuanto a la duración de los contratos, casi la mitad de los hogares (47%) tiene acuerdos de dos años. Solo el 18% mantiene contratos de tres años, en su mayoría firmados antes de la derogación de la Ley de Alquileres a fines de 2023. Además, un 17% alquila por un año o menos y otro 17% directamente no tiene un plazo definido.
La reducción de los plazos se combina con incrementos más seguidos. El 48% enfrenta aumentos trimestrales, el 21% semestrales y el 15% cada cuatro meses. De esta manera, casi nueve de cada diez hogares reciben más de un ajuste por año, una proporción que viene en alza desde 2022.
Respecto a los mecanismos de actualización, el 34% de los contratos se ajusta por el Índice de Contratos de Locación (ICL) y el 33% por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), aunque un 15% no tiene un índice definido. El pago en dólares aparece como marginal, con apenas un 3%.
Las inmobiliarias intervienen en el 45% de los alquileres y, en esos casos, predominan contratos escritos, plazos de dos años y subas trimestrales. Sin embargo, el informe advierte que en el 80% de estas operaciones los honorarios son cobrados al inquilino. En la Ciudad de Buenos Aires, esto ocurre en el 61% de los casos, pese a que la normativa establece que debe pagar el propietario.
La presión económica se refleja también en el endeudamiento: el 29% de los hogares tomó préstamos en el último año y, entre ellos, el 77% lo hizo para afrontar el alquiler. Solo el 14% logró ahorrar el mes previo a la encuesta.
La inestabilidad habitacional se completa con una alta movilidad: el 70% se mudó al menos una vez en los últimos cinco años y casi uno de cada cinco lo hizo tres veces o más, muchas veces por no poder sostener el precio o por la negativa del dueño a renovar.
El relevamiento concluye que el mercado del alquiler en el AMBA se consolidó con contratos más breves, aumentos frecuentes y mayores dificultades para planificar a largo plazo, en un contexto donde acceder y sostener una vivienda resulta cada vez más costoso.



