Dom, 27 septiembre 2026

La guerra silenciosa del poder libertario: qué maneja Santiago Caputo y qué controlan los Menem

La interna dentro de La Libertad Avanza dejó de ser un rumor de pasillo para transformarse en una disputa abierta por el control político del gobierno. Mientras el presidente Javier Milei se concentra en la economía y la agenda internacional, dos sectores acumulan poder dentro de la Casa Rosada: el armado que responde a Santiago Caputo y la estructura política comandada por Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem.

La convivencia entre ambos espacios atraviesa uno de sus momentos más tensos, con diferencias que ya impactan en decisiones de gestión, armado territorial y control de áreas clave del Estado.

Del lado de Caputo se concentra buena parte del poder estratégico del gobierno. El asesor mantiene influencia sobre la SIDE, sectores vinculados a inteligencia, la narrativa política del oficialismo y organismos sensibles como ARCA y áreas del Ministerio de Salud. También conserva peso en la Secretaría Legal y Técnica, un punto neurálgico por donde pasan decretos, resoluciones y decisiones administrativas del Ejecutivo.

Además, el consultor libertario fortaleció vínculos internacionales con dirigentes y funcionarios ligados al trumpismo en Estados Unidos, construyendo un esquema propio de relaciones políticas y estratégicas que excede la estructura formal del gobierno.

En paralelo, el sector de los Menem consolidó otra clase de poder: el territorial y político. Martín Menem, además de presidir la Cámara de Diputados, se convirtió en uno de los hombres de mayor confianza de Karina Milei dentro de la estructura oficialista. Mientras tanto, Lule Menem avanzó en el armado partidario de La Libertad Avanza en distintas provincias y municipios, ocupando lugares clave en legislaturas, concejos deliberantes y estructuras partidarias.

Ese crecimiento permitió que el clan riojano gane peso en negociaciones con gobernadores, jueces, legisladores y operadores políticos, al punto de convertirse en uno de los principales centros de decisión dentro del oficialismo.

La tensión entre ambos sectores se refleja también en áreas sensibles como Justicia, donde el desplazamiento de funcionarios y el avance sobre designaciones judiciales profundizó la pelea interna. Incluso dentro del oficialismo reconocen que la disputa ya atraviesa buena parte del funcionamiento cotidiano del gobierno.

Por ahora, Milei evita intervenir de manera directa. Pero la expansión simultánea de ambos espacios abre una pregunta incómoda dentro de la Casa Rosada: cuánto tiempo más puede sostenerse un esquema de poder dividido sin que el conflicto termine impactando sobre la gestión.

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