Un relevamiento sobre concejales y legisladores de la Octava Sección expone quiénes lograron construir volumen, identidad y presencia sostenida en la principal vidriera digital de la política.
En la política platense, la disputa ya no se limita al territorio ni a los recintos: Instagram se convirtió en un campo clave de construcción de poder. Allí, algunos dirigentes lograron profesionalizar su comunicación y construir identidad, mientras otros todavía orbitan en la lógica institucional o directamente quedan fuera de escena.
Un relevamiento sobre concejales y legisladores de la Octava Sección electoral deja en claro que no hay una estrategia homogénea, pero sí nombres que lograron destacarse por encima del resto .
Los que lograron dar el salto
En ese escenario, Melany Horomadiuk aparece como el caso más sólido. Con un perfil que combina producción audiovisual, cercanía y una narrativa orientada a públicos jóvenes, logró construir volumen y una presencia reconocible dentro de la política local.
En la misma línea se ubican Julieta Quintero Chasman y Lucía Iañez, que lograron consolidar cuentas con identidad propia, estética cuidada y regularidad en la publicación, una combinación todavía poco frecuente en el ecosistema político platense.
Concejales que apuestan a la visibilidad
Entre los concejales, el escenario es más heterogéneo, pero hay perfiles que lograron instalarse. Nicolás Morzone y Juan Pablo Allan sostienen una estrategia basada en la actividad constante, la producción de contenido propio y la intención de marcar agenda.
En ambos casos, la lógica no es solo informar, sino ocupar espacio y construir posicionamiento político.
Una brecha que se profundiza
El contraste con otros dirigentes es evidente. Mientras algunos perfiles superan ampliamente los diez mil seguidores y sostienen una narrativa clara, otros apenas logran actividad esporádica o mantienen cuentas sin estrategia definida.
El resultado es una brecha creciente entre quienes entienden la lógica de las redes y quienes todavía no logran adaptarse.
En un contexto donde la comunicación política también se juega en el terreno digital, esa diferencia empieza a pesar cada vez más. Ya no se trata solo de estar, sino de cómo se construye presencia en una vidriera que hoy define parte de la disputa política.



