Un sector del radicalismo se plantó contra el liderazgo de Martín Lousteau y mostró fuerza en Saladillo con más de 500 dirigentes. La interna escala mientras la definición queda en manos de la Justicia.
La interna del radicalismo bonaerense sumó un nuevo capítulo y dejó una señal contundente: el liderazgo de Martín Lousteau sigue perdiendo peso dentro de la UCR.
Con una cumbre en Saladillo encabezada por Miguel Fernández, más de 500 dirigentes —incluidos intendentes en funciones— se alinearon contra el sector vinculado al ex titular del Comité Nacional y dejaron abierta la puerta a una ruptura.
Una demostración de fuerza
El encuentro funcionó como una señal política directa: Fernández mostró volumen territorial y capacidad de convocatoria en medio de la disputa por la conducción del partido.
La movida también tuvo un objetivo táctico: anticiparse a la resolución que deberá tomar el juez Alejo Ramos Padilla sobre la interna partidaria, hoy judicializada.
El trasfondo es el conflicto por el adelantamiento de las elecciones internas, impulsado por el sector de Lousteau junto a Maximiliano Abad, decisión que fue impugnada por Fernández.
Lousteau, cada vez más cuestionado
Dentro del radicalismo bonaerense, las críticas a Lousteau ya no son aisladas. Dirigentes lo cuestionan por su conducción y por no haber logrado ordenar al partido en momentos clave.
También pesa su pasado como ministro de Economía durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, un factor que algunos sectores siguen señalando como un punto de tensión dentro de la UCR.
En el Congreso, su paso por el Senado dejó otra señal de debilidad: terminó su mandato sin lograr cohesionar a su propio bloque.
Un radicalismo fragmentado
El acto en Saladillo reunió a trece intendentes y dirigentes que, en muchos casos, ya venían marcando distancia de la conducción nacional.
Algunos incluso habían armado por fuera del partido en elecciones anteriores, acercándose a espacios como Provincias Unidas, en rechazo al rumbo de la UCR.
Hoy, ese sector evalúa avanzar con candidatos propios, lo que podría profundizar la fractura interna.
Una interna abierta y sin conducción clara
La disputa por la conducción bonaerense no es solo organizativa: también define el rumbo político del radicalismo.
Mientras algunos sectores exploran acuerdos con La Libertad Avanza, otros buscan reconstruir vínculos con el peronismo, y un tercer grupo impulsa una alternativa propia.
En ese escenario, la figura de Lousteau aparece cada vez más debilitada, sostenida principalmente por aliados como Emiliano Yacobitti, pero sin capacidad de ordenar al conjunto.
La foto de Saladillo dejó un mensaje claro: la UCR bonaerense está lejos de encontrar una conducción unificada y el liderazgo de Lousteau ya no logra contener a sus propios dirigentes, en un momento clave para el futuro del partido.



