El próximo fin de semana largo encuentra al turismo argentino en un momento que el propio sector describe sin rodeos: flojo, incierto y muy lejos de los niveles que solían marcar estos feriados. A diferencia de otros años, donde las escapadas funcionaban como un anticipo de la temporada alta, esta vez predominan las dudas y las reservas brillan por su ausencia.
En la costa bonaerense, el termómetro es claro. En Mar del Plata, algunos hoteles directamente decidieron no abrir y otros operan con niveles mínimos de ocupación, una postal que empieza a repetirse también en destinos como Villa Gesell, Pinamar o el Partido de La Costa. La expectativa de un repunte de último momento todavía existe, pero ya no alcanza para disimular un problema de fondo: la demanda está planchada.
El diagnóstico que hacen los operadores es bastante uniforme. La caída del consumo, sumada a la incertidumbre económica, cambió el comportamiento de los turistas. Hoy las decisiones se postergan, se acortan las estadías o directamente se cancelan. Los fines de semana largos, que antes garantizaban movimiento, ahora dependen casi exclusivamente de decisiones de último momento y de un gasto mucho más medido.
El fenómeno no es homogéneo. Algunos destinos logran sostener niveles aceptables, como las Cataratas del Iguazú, que rondan el 70% de ocupación, o San Carlos de Bariloche, que se acerca al lleno de la mano del turismo vinculado a la temporada invernal. Pero son excepciones que, más que marcar tendencia, subrayan la disparidad.
En el resto del país, el panorama es más complejo. Las economías regionales, que dependen en gran medida del turismo interno, sienten el impacto de una actividad que ya no logra traccionar como antes. Y lo que más preocupa al sector es que estos feriados empiezan a perder su rol estratégico, no solo como generadores de ingresos inmediatos, sino como anticipo de lo que vendrá.
Con ese telón de fondo, el finde XL asoma más como una oportunidad perdida que como un alivio. Y en un contexto donde cada movimiento cuenta, la falta de turistas se vuelve un problema que trasciende a la hotelería y golpea a toda la cadena económica que vive del turismo.



